En un día soleado y cálido de finales de febrero, en el Richard’s Motel de Hollywood, Florida, los huéspedes —en su mayoría procedentes de Quebec y Ontario— se zambullían en la piscina y se reunían para tomar el café matutino y conversar en un patio al que el propietario del hotel, de origen quebequense, llama Parc de l’Amitié (Parque de la Amistad).
La estética del motel combina el estilo de Florida con el del lejano norte. Por un lado, una estatua de un muñeco de nieve y una cerca de madera cubierta de matrículas canadienses. Un poco más allá, una estatua de una tortuga marina y un bar tiki.
Solo una cosa parecía fuera de lugar en aquella apacible mañana de temporada alta: un letrero de “vacantes” iluminado a la derecha de la puerta de la oficina del motel.
Al llegar el invierno, las ciudades costeras como esta —que salpican el tramo de la costa atlántica de Florida en los alrededores de Fort Lauderdale— han estado tradicionalmente repletas de turistas francocanadienses y otros de zonas frías que acuden en busca de calidez y sol.
Además de las famosas playas de Florida, disfrutan de restaurantes de propietarios canadienses que sirven algunos de sus platos favoritos, de espectáculos protagonizados por algunas de las mayores estrellas locales de Quebec —que viajan hasta allí para actuar— y de otros destellos de su hogar que han ido surgiendo en la zona.
Sin embargo, este invierno no resultó ser lo que Richard Clavet —propietario del Richard’s Motel— y otros hoteleros de la zona esperaban. Destinos como el área metropolitana de Fort Lauderdale, que durante mucho tiempo ha sido un gran atractivo para quienes buscan resguardarse del frío invernal, ilustran la ambivalencia que sienten muchos visitantes que solían acudir con frecuencia a Florida a la hora de visitarla ahora, así como el impacto que la disminución de las visitas supone para los negocios locales.
“A lo largo de los años, he sido testigo de muchos problemas. Y, sorprendentemente, esperábamos que con la llegada de la administración Trump hubiera más prosperidad, que todo marchara de maravilla”, comentó Clavet, quien posee la doble ciudadanía canadiense y estadounidense, y afirmó haber votado por Trump en 2024.
Según relató, febrero de 2025 fue uno de los meses de mayor actividad en los siete moteles y establecimientos de estancias largas que posee en la zona, que están dirigidos principalmente a los francocanadienses.
No obstante, Clavet señaló que, cuando a principios de marzo del año pasado entraron en vigor los aranceles sobre los productos canadienses, comenzaron a llover las cancelaciones, entre ellas las de huéspedes habituales que, llegado el mes de abril, suelen reservar su estancia para el invierno siguiente incluso antes de emprender el viaje de regreso hacia el norte, rumbo a Canadá.
“Mucha gente empezó a cancelar y dejaron de hacer reservas. Muchos de ellos fueron, diría yo, educados: no necesariamente revelaban el motivo de su cancelación, sino que decían haberse enfermado o ponían otras excusas en su lugar”, comentó Clavet.
Sin embargo, algunos de sus huéspedes habituales fueron más francos respecto a sus motivaciones.
“Uno de ellos canceló, lo llamamos y le dijimos: “Señor, está perdiendo US$ 1.000, el depósito de US$ 1.000”. Y él se mostró muy firme. Dijo: ‘No voy a ir allá con ese dictador que tienen ustedes’”, relató Clavet, quien calificó la primavera pasada como un “desastre” debido a la gran cantidad de reservas canceladas en sus propiedades.
“El impacto de las políticas de Trump —o la percepción que se tenía de ellas— fue enorme durante los meses de marzo y abril pasados”, afirmó.
Esta temporada de invierno también trajo consigo una oleada de cancelaciones, además de la ausencia de huéspedes leales de años anteriores que no volvieron a reservar. Según Clavet, algunos optaron por irse de vacaciones a otros destinos, como la República Dominicana o México.
Clavet volcó todos sus esfuerzos en el marketing: ofreció precios especiales y publicó en la página de Facebook de su establecimiento —Richard’s Motel Family of Lodgings— fotografías de huéspedes disfrutando de las parrilladas semanales de “Soirée Hot-Dog” o de las noches de bingo bajo las palmeras del Parc de l’Amitié, mientras que, más al norte, caían grandes nevadas.
“Estoy trabajando muy duro para contrarrestar este efecto, pero la situación es grave”, señaló Clavet. No obstante, logró reactivar un poco el negocio y se sintió “satisfecho” con el resultado de sus esfuerzos.
También albergaba esperanzas de que se produjera un repunte en las reservas hacia el final de la temporada, después de que un youtuber de Quebec se hiciera viral recientemente tras visitar una de las propiedades de Clavet con el objetivo de “rescatar” a algún canadiense varado en Florida, ofreciéndole un vuelo gratuito de regreso a casa (aviso: nadie quiso marcharse).
“En los negocios, nunca se sabe. Puede que te golpee un huracán o que surja cualquier otro imprevisto; la vida está hecha de ciclos”, concluyó.
Los canadienses constituyen, con gran diferencia, el mayor mercado turístico internacional para el área del Gran Fort Lauderdale, afirmó Stacy Ritter, presidenta y directora ejecutiva de Visit Lauderdale, quien reside en la zona desde 1974.
“No recuerdo un invierno en el que no haya visto muchísimas matrículas canadienses. Por lo tanto, este mercado ha sido importante para este destino durante al menos medio siglo. Recibimos a cerca de un millón de visitantes canadienses cada año”, señaló.
Las llegadas aéreas procedentes de Canadá al Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale-Hollywood —desde 2025 hasta marzo de este año— registraron un descenso de aproximadamente el 7 %, indicó.
Ritter comentó que dos destinos en particular, dentro del área del Gran Fort Lauderdale, han dirigido sus esfuerzos hacia los visitantes francocanadienses durante el último medio siglo.
Un tramo de la U.S. Highway 1, situado justo al sur de Fort Lauderdale —zona que abarca Hollywood y Hallandale Beach—, ha pasado a conocerse como “Little Quebec” debido a la gran cantidad de canadienses francófonos que, huyendo del invierno, han acudido a los modestos hoteles de la zona a lo largo de varias décadas.
Y los hoteleros locales, como Clavet, están sintiendo el impacto de un invierno financieramente más frío.
Ciertamente, la masiva industria turística de Florida sigue funcionando a pleno rendimiento, según cifras de Visit Florida, con un estimado de 143,3 millones de visitantes en 2025, lo que representa un aumento del 0,2 % con respecto a 2024. Más del 90 % de esos visitantes fueron viajeros nacionales de EE.UU., lo que convierte a Florida en el principal destino turístico dentro del país.
Sin embargo, los 2,9 millones de canadienses que visitaron Florida el año pasado supusieron una caída de casi el 15 % en comparación con 2024. Las autoridades estatales señalan que los canadienses representaron aun así el 2 % del total de visitantes, una cifra en línea con los niveles de afluencia de años anteriores.
Apenas un par de manzanas al sur del Richard’s Motel, a lo largo de la U.S. Highway 1, en el Curtis Inn —un establecimiento de una sola planta—, su propietario, Jay Gandhi, pintó un panorama sombrío sobre cómo transcurrió esta temporada la época del año que históricamente suele ser la de mayor actividad para su negocio.
“Ahora mismo estamos sufriendo”, afirmó, admitiendo haber rebajado sus tarifas hasta situarlas en cifras de dos dígitos en un momento dado, con la esperanza de lograr llenar las habitaciones.
Los huéspedes de este motel de 28 habitaciones —construido alrededor de una piscina central con patio— son, en su mayoría, canadienses francófonos durante los meses de invierno; además, suelen reservar estancias de entre dos y seis semanas, explicó Gandhi.
A principios de marzo, tenía 20 habitaciones vacías y ninguna reserva de canadienses para todo el mes de abril.
A finales de marzo, Gandhi estimaba que el volumen de negocio generado por los canadienses durante este invierno había caído al menos un 50 % en su establecimiento en comparación con el año anterior. Y ya empezaba a mostrarse preocupado por la próxima temporada visitantes invernales, dado que no estaban llegando los depósitos de reserva habituales.
Si bien parte del vacío dejado por la ausencia de estos clientes se cubrió con personas que reservaban estancias previas o posteriores a un crucero, así como con otros viajeros de corta duración, Gandhi confesó que echa de menos a los canadienses, quienes suelen venir para estancias más largas y tratan sus habitaciones y suites como si fueran sus propios hogares. “Cuando salían, apagaban todas las luces e incluso el agua si había una pequeña fuga. Me decían: ‘Te va a costar dinero’. Esos son el tipo de clientes que nos encantan”, dijo.
El tipo de cambio —con el dólar estadounidense aún fuerte frente al canadiense— también afectó este año a los visitantes procedentes de Canadá. Asimismo, los canadienses reportan dificultades con los trámites burocráticos al cruzar la frontera sur hacia Estados Unidos conduciendo su vehículo para realizar estancias prolongadas.
Pero es la política lo que ha mantenido alejados a canadienses como Alain Gingras.
Durante 12 inviernos, este hombre de 62 años —cuya profesión le permite tomarse un tiempo libre durante los meses más fríos del año— condujo hacia el sur desde su hogar en Saint-Hubert, cerca de Montreal, para entrar en calor en complejos de casas móviles ubicados en lugares como las cercanas Deerfield Beach y Pompano.
Pasar unas semanas o más descongelándose bajo el sol de Florida durante la temporada más cruda de Quebec era un placer que él aguardaba con gran entusiasmo, comentó Gingras, quien solía pasar sus días jugando al golf, relajándose y dándose un chapuzón en la piscina.
Últimamente, sin embargo, Gingras ha optado por volar a México en su lugar para su escapada invernal en busca de calor. Y aunque reconoce que los precios están subiendo al sur de la frontera estadounidense, no tiene planes de regresar a Florida mientras el presidente Trump permanezca en el cargo.
“Siempre digo que la mitad de mí es estadounidense y la otra mitad es canadiense; cuando voy a Florida, es como mi segunda casa. Me divierto con los estadounidenses, son muy buena gente”, afirmó.
No obstante, le resultó imposible no sentirse afectado por la retórica de Trump.
“Él ha tocado la fibra sensible de los canadienses; es imposible que nos caiga bien. Por eso no le doy mi dinero”, declaró Gingras, quien ya ha alquilado un apartamento con piscina en Playa del Carmen para su escapada del próximo invierno.
Pero, como señaló Ritter, todavía hay muchos canadienses viajando a Florida. Y aunque la caída en el número de visitantes es significativa, “no es tan significativa como la que está experimentando Estados Unidos a nivel nacional”, afirmó.
El sol apacible y las vistas al océano, sin duda, ayudan.
A lo largo del Hollywood Beach Broadwalk —un paseo marítimo de aproximadamente 4 km de extensión—, el restaurante EZeat, de propiedad canadiense, sirve “auténtica poutine canadiense” (trozos de queso fresco bañados en salsa gravy sobre papas fritas) y sándwiches de carne ahumada al estilo Montreal, además de hamburguesas, sándwiches club y otros platos típicamente estadounidenses.
Andy Buntic comentó que el paseo peatonal frente al océano Atlántico, situado justo delante del restaurante que posee junto con varios familiares, estuvo menos concurrido este invierno que en temporadas anteriores. Al principio, relató, le preocupaba cómo su negocio podría verse afectado por “la política y la economía”.
Sin embargo, el negocio en EZeat —inaugurado en 2024— experimentó un auge este invierno, según Buntic; esto se debió al apoyo tanto de turistas nacionales procedentes de Estados Unidos y de la población local, como de turistas quebequenses que acuden a su local por ser uno de los pocos negocios de origen canadiense situados frente al mar.
“Hay menos gente en el paseo marítimo, pero hay más gente que consume”, señaló.
Muchos turistas invernales canadienses que volaron hacia el sur también han encontrado satisfacción en Florida de otras maneras. A pesar de algunos frentes fríos que azotaron el estado este invierno, el sol y el calor han estado presentes en abundancia.
Mimi Gilbert, de 80 años, deseaba pasar un tiempo lejos de su hogar en Quebec este invierno. Comentó que quería ir a un lugar que le transmitiera seguridad y donde supiera que podría desenvolverse hablando principalmente en francés.
Alquiló uno de los alojamientos de Clavet por varias semanas “a ciegas total”, según relata, explicando que no sabía nada sobre la ubicación en Florida y que nunca antes había visitado la zona. Ha disfrutado tanto de su estancia que ya está planeando regresar por un periodo más largo el próximo invierno.
“Aquí me siento segura. La gente viene a buscarme si no aparezco para tomar mi café. En el lugar donde vivo en Quebec me siento aislada, pero aquí he encontrado una comunidad. Somos como una gran familia que convive durante un breve periodo de tiempo… y el clima es hermoso”, expresó.
Gabriel Tessier, también de Quebec, alquiló una suite tipo estudio durante varias semanas en enero y febrero en el Green Seas Motel, en Hollywood. Cuando les contó a sus amigos en casa que se dirigía a Florida, algunos le preguntaron por qué querría venir este año —dijo él—, considerando todo lo que habían escuchado en las noticias.
“Les dije: ‘Sin juzgar; quiero comprobarlo por mí mismo’”, comentó Tessier, y añadió que ya ha convencido a algunos de ellos para que se le unan el próximo año.
“Saben que les confirmé que es un lugar estupendo, una buena zona; por el alojamiento, por la amistad…”, dijo Tessier.
Está disfrutando muchísimo de su día a día en Florida.
“Incluso fui a una playa nudista aquí, ¿pueden creerlo? ¡A los 71 años!”, exclamó.
“El tiempo que nos queda es cada vez más escaso; no hay tiempo que perder. ¡Me lo estoy pasando de maravilla!”.
Los visitantes canadienses son “de vital importancia”.
No obstante, se extraña profundamente a los visitantes canadienses que no realizaron el viaje este año, afirmó Ritter, de Visit Lauderdale.
“Los viajeros canadienses se hospedan por más tiempo que los viajeros nacionales y gastan más dinero. Y cuando se trata de una comunidad donde el turismo es la industria principal, cualquier descenso resulta significativo. Los visitantes canadienses mantienen empleados a nuestros residentes gracias al dinero que gastan”, señaló, calificándolos de “fundamentalmente importantes” desde la perspectiva de la afluencia turística.
Guy Picher, copropietario del Shell Motel —situado a lo largo de la autopista U.S. 1 en Hollywood—, comentó que su clientela ha cambiado esta temporada: hay menos canadienses y más pasajeros de cruceros que llegan y se marchan con rapidez.
En el pasado, la demanda había sido tan alta que, por lo general, durante el invierno él solía llamar a la gente para decirles “Lo siento, ya no nos queda nada disponible” o “Solo nos queda una noche”.
Esto se debe a que, habitualmente, durante los meses de febrero y marzo, Picher recibía entre 20 y 40 consultas diarias de huéspedes potenciales —en su mayoría canadienses francófonos— que preguntaban por precios y disponibilidad.
“Si ahora recibo una consulta al día, ya es mucho”.
Terry Ward es una escritora de viajes y periodista independiente radicada en Florida —concretamente en Tampa— que sueña con pasar más tiempo en Quebec.
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