La semana pasada, por primera vez en la historia de la humanidad, un ataque con drones y robots no tripulados capturó una posición enemiga en tierra. “El futuro ya está aquí”, declaró el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, tras describir el asalto mecánico de sus fuerzas contra un puesto avanzado ruso.
Este hito histórico sorprendería a Moscú, que creía —con el apoyo de Irán— dominar el arte de la guerra con drones en Ucrania.
Sin embargo, Ucrania está superando a Rusia en innovación, justo cuando Estados Unidos está debilitando los programas de drones y misiles de Irán, que desde 2023 han ayudado a Rusia a sostener sus brutales ataques contra ciudades y pueblos ucranianos.
Considerar que estos dos escenarios —Ucrania e Irán— están interconectados puede ayudar a Estados Unidos a prepararse mejor para las guerras del futuro y a mantenerse un paso por delante de sus adversarios.
También podría contribuir a poner fin a la guerra en Ucrania.
Fui el enlace de la Casa Blanca con Medio Oriente durante toda la crisis que asoló la región tras el ataque de Hamas en Israel el 7 de octubre de 2023.
En todos los sentidos, fue la situación más compleja y aterradora que había visto en dos décadas, en parte porque Irán decidió desde el principio sumarse al caos y atacar a los estadounidenses con misiles y drones.
El día de Navidad de 2023, un complejo ataque con drones iraníes Shahed contra posiciones estadounidenses en el norte de Iraq hirió gravemente a un soldado estadounidense. Un mes después, el 20 de enero de 2024, un dron iraní mató a tres soldados estadounidenses en Jordania.
Ese mismo mes, en el Mar Rojo, la Armada de Estados Unidos repelió 18 drones de ataque, dos misiles de crucero antibuque y un misil balístico antibuque que viajaba a Mach 4. Gracias únicamente a las defensas y a la pericia de nuestros marineros, ningún estadounidense resultó muerto ni herido en el ataque.
En los primeros meses de la invasión rusa de Ucrania, Irán transfirió sus drones Shahed a Rusia para su uso contra ciudades, pueblos e infraestructura ucranianas.
Posteriormente, transfirió la tecnología para fabricar los drones y estableció líneas de coproducción dentro de Rusia. Estas líneas de ensamblaje pronto producían cerca de 400 drones Shahed al día.
La producción masiva de drones iraníes dio lugar a los ataques aéreos masivos de Rusia contra objetivos ucranianos, algo nunca antes visto.
Irán pronto adoptó la misma táctica: el 13 de abril de 2024, lanzó 180 drones Shahed, 120 misiles balísticos y 30 misiles de crucero contra ciudades israelíes.
El objetivo es utilizar enjambres de drones para saturar y debilitar las defensas aéreas, mientras que los misiles balísticos, con mayor capacidad de carga útil y mayor velocidad, se dirigen al ataque.
Durante más de cuatro años de guerra —obligada por la necesidad a defenderse— Ucrania ha desarrollado una industria de defensa y fabricación de drones de primer nivel.
Una industria de defensa descentralizada —madres en garajes, programadores en empresas emergentes y soldados en el frente, todos experimentando en tiempo real— surgió desde cero para establecer una economía de drones ofensivos y defensivos que Rusia está demostrando ser incapaz de igualar.
Hoy, si bien Rusia produce más drones al día, Ucrania lleva una gran ventaja en cuanto a adaptación y eficacia. Sus drones dominan ahora el frente de batalla, causando miles de bajas rusas cada semana.
Como declaró un soldado ucraniano a Reuters, ningún soldado ruso puede entrar en campo abierto sin ser alcanzado por un dron ucraniano.
Según un análisis reciente del Instituto Hudson, Ucrania utiliza unos 10.000 drones diarios en la guerra. Estos atacan en territorio ruso y burlan los anticuados sistemas de defensa rusos.
Eliminan objetivos en el frente, responsables de casi el 80 % de las bajas rusas. Protegen la vida de los ucranianos, ya que los sistemas de drones de defensa derriban a los Shahed mediante interceptores reutilizables.
En un ataque perpetrado la semana pasada, Ucrania habría logrado neutralizar 309 de los 324 drones lanzados por Rusia.
Rusia aún es capaz de lanzar ataques masivos letales contra Ucrania, incluyendo uno esta semana que dejó 18 muertos. Pero incluso en cuanto a cantidad y escala, Ucrania se está poniendo al día.
Su Ministerio de Defensa anunció planes para fabricar más de 7 millones de drones solo este año, una escala que la mayoría de las empresas de defensa occidentales no pueden igualar.
Los drones ucranianos también son rentables: un interceptor cuesta hasta diez veces menos que un Shahed (entre US$ 3.000 y US$ 5.000 frente a entre US$ 20.000 y US$ 50.000), según un informe reciente del Snake Island Institute, un centro de seguridad ucraniano independiente.
Entre las explicaciones cambiantes sobre la guerra actual en Irán, el secretario de Estado Marco Rubio ha expuesto el argumento más claro.
Irán, durante la última década, ha desarrollado un programa de misiles y drones tan avanzado que pronto tendría un “escudo impenetrable” que protegería sus ambiciones nucleares y la propagación del terrorismo en todo el mundo.
Con ello quería decir un programa que avanzaba con tal volumen y sofisticación que podría saturar las defensas aéreas existentes y disuadir cualquier ataque destinado a degradar el programa.
Esto es lo que los planificadores de defensa llamarían una “zona de inmunidad”, en la que Irán habría establecido una arquitectura de disuasión que hiciera su programa de misiles inalcanzable militarmente.
En la última década, lo que Irán denomina su “programa aeroespacial” experimentó un avance exponencial.
Sus misiles prácticamente duplicaron su capacidad de carga útil, alcance y precisión, pasando de impactar a kilómetros de distancia de un objetivo a hacerlo a pocos metros.
Lo que en 2015 era un programa tradicional similar al Scud, para 2025 se había convertido en un sistema estratégico revolucionario capaz de localizar objetivos con precisión y dejar vulnerables a ataques a cualquier posición estadounidense en la región.
Hemos vislumbrado algo de esto en la guerra actual. Probablemente la situación habría sido mucho peor dentro de unos años si se hubiera permitido que el programa siguiera su curso lineal.
La reciente campaña aérea estadounidense se ha centrado en estas instalaciones aeroespaciales —depósitos subterráneos, centros de producción y fábricas de componentes— con el objetivo de retrasar el programa varios años y ganar el tiempo necesario para que los sistemas de defensa se pongan al día.
Una imagen que perdurará de la guerra de Irán es la visita del presidente Zelensky a Medio Oriente, incluso durante la fase más intensa del conflicto. Estuvo en Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, países que, al igual que el suyo, se enfrentaban a cientos de drones.
Zelensky no ofrecía apoyo moral. Ofrecía personal, experiencia y un sistema de defensa integrado diseñado específicamente para protegerse de los enjambres de drones iraníes.
Estos tres países del Golfo han firmado acuerdos de defensa con Ucrania, aportando sus vastos recursos e inversiones para el programa de drones de vanguardia de Ucrania, algo que Irán y Rusia no podrán igualar.
Zelensky demostró la interconexión entre la guerra en Irán y la guerra en Ucrania.
Estados Unidos está desmantelando sistemáticamente la capacidad de Irán para diseñar, fabricar y perfeccionar sus programas de drones y misiles a corto plazo.
Ucrania, por su parte, está desarrollando y desplegando sistemáticamente los sistemas necesarios para contrarrestar y neutralizar dichos sistemas.
Del mismo modo, la Casa Blanca ya no debería considerar ambas campañas como independientes.
Este es un momento crucial para que los socios occidentales converjan en apoyo de aquellos que se ven amenazados por Rusia e Irán.
El debilitamiento del programa de misiles y drones de Irán, junto con las innovaciones de Ucrania —y el potencial cambio de rumbo en contra de Rusia—, ofrece una oportunidad única para inclinar la balanza a favor de la alianza occidental y en contra de la alianza adversaria de Rusia e Irán (la R y la I de CRINK, es decir, China, Rusia, Irán y Corea del Norte).
Lamentablemente, Washington parece estar desaprovechando esta oportunidad. Amenaza una vez más con abandonar la OTAN y culpa a Ucrania del fracaso de sus esfuerzos de paz con Rusia.
Si Trump quiere que su campaña contra Irán deje un legado duradero, podría fijarse en Zelensky, el único líder que acudió en ayuda durante la fase más crítica de la guerra.
Tras haber destruido gran parte de la capacidad de defensa de Irán, ahora es el momento de fortalecer la de Ucrania. De este modo, el presidente podría finalmente encontrar la influencia necesaria para poner fin a la guerra en Ucrania.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
Source